lunes, 28 de noviembre de 2016

FICHA Nº02

PREPARACIÓN

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO: 

Ven, Espíritu Santo,
Llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos
el fuego de tu amor.
Envía, Dios, tu Espíritu.
Que renueve la faz de la Tierra.




LECTURA
"Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió junto a Él tal multitud que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga"(Mt 13, 1-23)

¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? 
¿A qué invita Jesús a la gente?                              

¿En qué tipos de terreno cayo lo sembrado? 
Lo que cayó en tierra buena, ¿Cuánto produjo?
El Evangelio de Mateo nos presenta cinco discursos o enseñanzas de Jesús, seguidos de partes narrativas, en las que se describe cómo Jesús practicaba lo que había enseñado a los discursos.
 La gente de Galilea entendía de semillas, de terreno, de lluvia, de sol y de cosecha. Y Jesús se sirve exactamente de estas cosas conocidas por el pueblo para explicar el misterio del Reino.
Dios es el Sembrador. Él es quien tiene siempre la iniciativa, quien siempre nos busca.
La semilla es la palabra de Dios, es el mismo Jesucristo, sembrado en nuestros corazones desde el bautismo.
La tierra somos nosotros. ¿Qué tipo de terreno preparamos para recibir la buena semilla de la vida de Dios?
En síntesis se evocan en la parábola tres aspectos que siguen al acto de creer, activo y perseverante: el escuchar, el comprender y el llevar fruto.

 MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice a nosotros el texto hoy?
Lo sembrado por el sembrador es la palabra .Nosotros, ¿qué tipo de terreno hemos sido para la palabra sembrada en nosotros?
¿Ya estamos rindiendo frutos?
¿Somos de veras tierra buena, que oímos la palabra, la acogemos y damos fruto?
¿En qué actitudes o comportamiento se nota que estamos dando frutos?
¿No es verdad que los peligros señalados por Jesús a sus discípulos sobre la acogida de la Palabra nos tocan también a nosotros?
¿Cuál es la causa de no escuchar y entender la Palabra de Dios?
¿Qué me pide el Señor con relación al evangelio de hoy?
 ¿Cómo escuchamos la Palabra del Señor? ¿Abrimos el corazón al mensaje que nos transmite?

ORACIÓN: ¿Qué sentimientos ha suscitado en nosotros la Palabra de cara a Dios?
Compartiremos, dirigiéndonos a Nuestro Señor Jesucristo, los sentimientos de gratitud, de alabanza, de petición suscitados en nosotros.

Danos la fuerza de resistir a los obstáculos que ponemos a tu Palabra cuando sobrevienen las preocupaciones del mundo o estamos engañados por el brillo del dinero, seducidos por el placer, por las vanidades de aparentar. Conviértenos en terreno bueno, personas acogedoras, para ser capaces de ofrecer nuestro servicio a tu Palabra. Amén

CONTEMPLACIÓN-ACCION: ¿Qué tareas o acciones podemos realizar en respuesta a esta palabra que hemos escuchado?


Cada quién piense ante Dios, ¿Qué cambios a de realizar en su vida para permitir que la Palabra sembrada dé su fruto?
Debemos prepararnos interiormente para ser tierra fértil lista para acoger la palabra de Dios y ayudar a otros compartiendo con gozo nuestra propia experiencia de vida en Dios.

Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica (Lc 11, 28).

2 comentarios:

  1. chun arango
    1.sobre la parabola de que jesus nos cuenta
    2.es estar esperando a qienes mas queremos
    3.si porque le tengo mucha fe

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